¿Qué es la salud cerebral?
Cuando hablamos de salud cerebral estamos aludiendo a aquellas medidas que debemos tomar en nuestros hábitos de vida para la prevención de enfermedades neurológicas como las demencias, las enfermedades neuroinflamatorias o el ictus. Pero este concepto va mucho más allá de la ausencia de enfermedad cerebral. Trabajar por una buena salud cerebral implica buscar un óptimo equilibrio biológico y funcional en nuestro cerebro con objeto de alcanzar el mejor rendimiento cognitivo, fomentar la neuroplasticidad y gestionar la esfera emocional y afectiva. Se trata, en resumen, de cuidarnos para evitar enfermedades en el futuro y para sacar el máximo partido a nuestro cerebro y sus capacidades en el presente.
¿Por qué es tan importante la alimentación para la salud cerebral?
Bajo mi punto de vista hay dos caminos en los que la alimentación influye en la salud y el funcionamiento de nuestro cerebro.
El primero es el más conocido y aceptado desde hace décadas, una alimentación baja en sal y en grasas saturadas, así como evitar el sobrepeso, ayuda en la prevención de hipertensión arterial, diabetes e hipercolesterolemia. Los factores de riesgo vascular son enemigo número uno de un cerebro sano.
Al segundo cada vez se le da más relevancia, es el eje intestino-cerebro.
¿Qué es el eje intestino-cerebro?
En nuestro intestino habitan billones de microorganismo, fundamentalmente bacterias. Habéis leído bien: ¡billones! Es lo que conocemos como microbiota intestinal. Estas bacterias producen citocinas que actúan sobre el sistema inmunológico. Una microbiota sana segregará sobre todo mediadores celulares antiinflamatorios. Una microbiota alterada (disbiosis) conduce a un desequilibrio proinflamatorio y, a su vez, a la neuroinflamación. Esta condición aumenta el riesgo de enfermedades autoinmunes en el sistema nervioso central, como la Esclerosis Múltiple, pero también puede facilitar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la Enfermedad de Parkinson. En el cerebro hay unas células que llamamos microglía que actúan en condiciones normales como un equipo de limpieza. En un ambiente proinflamatorio, esta microglía no hace correctamente su trabajo y se favorece el depósito patológico de proteínas como las placas de beta-amiloide y los ovillos de proteína tau.
¿Cómo cuidar el eje intestino-cerebro?
Una dieta neurosaludable se basa en disminuir el consumo de grasas saturadas (fritos, rebozados, bollería, carnes rojas y carnes procesadas), de alimentos ultraprocesados (snacks, precocinados, fast food), alimentos con azúcares añadidos (bebidas energéticas, dulces industriales, salsas preparadas) y aumentar el consumo de alimentos ricos en omega 3 (DHA y EPA), antioxidantes, vitaminas del grupo B y flavonoides. Hablamos de una dieta mediterránea rica en pescado azul, carne de ave, cereales integrales, fruta y verdura.