Cuando pensamos en perder peso, solemos centrarnos en la dieta y el ejercicio, pero a menudo olvidamos un factor esencial: el sueño. Dormir bien no solo es fundamental para nuestra salud general, sino también para el éxito en el control del peso. En mi práctica como médico endocrino especializado en nutrición y obesidad, he constatado que el sueño insuficiente o de mala calidad puede sabotear incluso los mejores planes de pérdida de peso. Estudios científicos han demostrado que dormir menos de 6-7 horas por noche está asociado con un aumento del hambre, debido a desequilibrios hormonales. La ghrelina (hormona del hambre) aumenta, mientras que la leptina (hormona que regula la saciedad) disminuye, lo que lleva a comer más y a elegir alimentos menos saludables. Además, el cansancio favorece la inactividad física, cerrando un círculo vicioso.
Como parte del método de trabajo integral que empleo en consulta denominado “Whole Body Program”, suelo realizar distintos cuestionarios a mis pacientes en la visita inicial. Una de las preguntas incluidas es: “¿En qué medida considera que su problema de sueño interfiere con su funcionamiento diario?”.
Si detectamos que el descanso deficiente afecta significativamente al paciente, planteamos diferentes estrategias. Rutinas sencillas como evitar pantallas antes de acostarse, mantener horarios regulares o practicar técnicas de relajación pueden marcar una gran diferencia. En algunos casos, recomiendo acompañamiento psicológico, especialmente si el insomnio está vinculado al estrés o la ansiedad. Además, debemos considerar el uso de suplementos naturales, como melatonina o extractos herbales, para facilitar el descanso. En situaciones específicas, puede ser necesario recurrir a tratamiento farmacológico.
Dormir no es un lujo: es parte fundamental de un peso saludable y una vida plena.