PLATO PRINCIPAL. Después del picoteo, llega el momento estrella: el plato principal. Ese que hace que alguien suelte un “¡Madre mía qué bien huele!”. Aquí es donde la pularda entra en escena: jugosa y sabrosa. Además, su carne melosa y su grasa infiltrada hacen que no necesite florituras.
DIFERENCIA CON EL CAPÓN. Pueden parecer lo mismo, pero no lo son. El capón es el gallo castrado, más grande, de carne más firme. La pularda, en cambio, es una gallina que no ha puesto huevos, lo que le da una carne más untuosa.
PULARDA. Dicen que la pularda era el plato estrella en las casas señoriales del siglo XIX. Y aunque ahora suene muy gourmet, su magia está en lo sencillo: una buena materia prima y una cocción lenta.
DE COREN. Lejos de cualquier producción industrial, la Pularda de Coren es todo lo que esperas de un plato navideño: historia, sabor y calidad. Criada con esmero, en crecimiento lento y con una alimentación enriquecida, esta ave es un símbolo de la gastronomía gallega y un guiño a la tradición más auténtica. Cada pularda lleva consigo la esencia de Galicia, y no es casualidad que se haya convertido en emblema de las grandes celebraciones. Con la terneza de la carne, su versatilidad la convierte en una opción ideal tanto para recetas clásicas como para creaciones más modernas.