ORÍGENES. El punto cero está en la isla griega de Samos, allá por el 2000 a.C., donde ya se batía queso fresco con miel y harina. En el 776 a.C., aquella mezcla horneada (la llamaban "plakous") se servía a los atletas de los primeros Juegos Olímpicos como fuente de energía: la barrita energética de los campeones era, básicamente, tarta de queso.
EL ACCIDENTE. El queso crema, alma de la tarta moderna, nació por error en 1872. Un lechero de Nueva York, William Lawrence, intentaba copiar el Neufchâtel francés, se le fue la mano con la nata y le salió una pasta densa y untuosa que acabaría vendiéndose con un nombre que sonaba a lácteo de calidad: Philadelphia. La base de galleta, es más reciente, ya que se popularizó en los años 30 cuando las marcas de galletas Graham empezaron a imprimir la receta en sus cajas.
LA VASCA. Nació en 1990 en La Viña, un bar de la parte vieja de Donosti, donde su propietario, Santiago Rivera, se pasó dos años de pruebas combinando recetas hasta dar con la suya. Su truco: un kilo de queso para ganar cremosidad, fuera la galleta (que, según cuenta, entorpecía el sabor en el paladar) y fuera también los culis de frambuesa. Se hornea muy caliente para que la superficie se caramelice mientras el interior se mantiene suave. Durante años fue un secreto entre cocineros, hasta que en enero de 2021 The New York Times la coló entre sus once tendencias gastronómicas del año.