Hay sabores que no pasan desapercibidos. O te encantan o no los quieres ni ver. Y los encurtidos están claramente en ese grupo. Ese pepinillo que aparece en una hamburguesa, las aceitunas del aperitivo o las banderillas que dan color a una mesa. Pican, son ácidos, intensos… pero para muchos tienen algo que engancha.
¿QUÉ SON LOS ENCURTIDOS? Son alimentos que han sido conservados en una solución ácida, normalmente vinagre, aunque también pueden incluir sal, agua y especias. Este proceso no solo permite alargar su vida útil, sino que también transforma completamente su sabor y textura. Pepinillos, cebollas, zanahorias o aceitunas son algunas de las más utilizadas, aunque el mundo del encurtido va mucho más allá, como por ejemplo, zanahoria, coliflor o incluso guindillas.
BENEFICIOS. Más allá de su sabor potente, los encurtidos también tienen interesantes propiedades. Pueden ayudar a la digestión gracias a su contenido en ácidos y, en algunos casos, microorganismos beneficiosos. Son bajos en calorías, lo que los convierte en un snack ligero. Además, aportan ciertos nutrientes procedentes de las verduras originales. Eso sí, suelen contener una cantidad elevada de sal, por lo que su consumo debe ser moderado, especialmente en personas con problemas de tensión o que necesiten controlar la ingesta de sodio.