ORIGEN. La leche forma parte de la alimentación humana en casi todas las civilizaciones desde hace miles de años. Cada especie produce su leche adaptada a las necesidades de sus crías, así que la composición cambia según el animal, e incluso dentro de la misma especie varía con la raza, la alimentación o la época del año. La más consumida en el mundo es la de vaca.
VALOR NUTRITIVO. La leche es uno de los alimentos más completos que existen. El agua es su componente mayoritario (entre un 68% y un 91%), y a partir de ahí aparece todo lo demás. Las proteínas representan el 3-4% y son de alto valor biológico, con la caseína como protagonista. La leche entera contiene unos 3,8 gramos de grasa por cada 100 ml, y en cuanto a hidratos, la lactosa es prácticamente la única presente, responsable de ese sabor ligeramente dulce. Un vaso aporta el 39% de la cantidad diaria recomendada de vitamina B2 y un 31% de la de B12. Pero si hay un mineral que le ha dado fama, es el calcio: un vaso contiene unos 300 mg y, por la propia composición de la leche, se absorbe mejor que el de otros alimentos. Y al desnatarla no se pierde nada de calcio, solo grasa.
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TIPOS DE LECHE. Hay leche más allá de la vaca. La de cabra tiene un sabor más fuerte y resulta más fácil de digerir para algunas personas. La de oveja se usa sobre todo para quesos como el manchego, aunque también puede beberse. La de búfala, es la base de la famosa mozzarella di bufala. Y luego están las más exóticas: la de camello, con alto contenido en grasa; la de burra, que ya hicimos un especial sobre ella; o las de alpaca y llama, que en Sudamérica se destinan sobre todo a quesos.
También hablamos en una edición hace unos meses sobre las diferencias entre la Leche UHT y Pasteurizada.
Al margen de la leche animal están las bebidas vegetales, que han ganado terreno por las dietas veganas, las intolerancias o simplemente por gusto. La de almendra es sin lactosa y de toque dulce. La de soja destaca por su contenido en proteínas. La de avena se ha hecho un hueco fijo en las cafeterías por su textura cremosa. La de arroz es ligera y de sabor neutro. La de coco aporta un toque tropical. Y luego hay otras menos habituales como la de nuez, cáñamo o quinoa.
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