En Japón existe una normativa muy clara contra la publicidad engañosa, que protege a los consumidores frente a representaciones que no se ajustan a la realidad.
Esto significa que un producto debe coincidir de forma razonable con lo que se muestra en imágenes: tamaño, proporciones y apariencia no pueden inducir a error.
Si una fotografía exagera o da una impresión equivocada, por ejemplo, haciendo que un alimento parezca más grande de lo que realmente es, puede considerarse una infracción de leyes como la de Transacciones Comerciales Específicas o la de Prevención de Representaciones Engañosas.
En la práctica, esto tiene consecuencias muy claras: - En restauración, los platos deben parecerse a lo que ves en el menú.
- En productos, las imágenes no pueden “engordar” ni reducir lo que compras.
Y aquí viene lo interesante: si un consumidor detecta que lo que recibe no coincide con lo prometido, puede denunciarlo ante la Agencia de Protección del Consumidor de Japón, que tiene capacidad para investigar y sancionar. |
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