¿Y SI SOLO TIENE UN POCO? Aquí viene la parte dura: si ves moho, hay que dejarlo ir. No te fíes del “solo tiene un poquito en la esquina”. Las raíces del moho pueden extenderse por todo el alimento aunque no lo veas. Esto es especialmente importante en alimentos blandos como el queso crema, yogures, salsas o frutas muy jugosas.
Como explica el médico David Callejo, es como si el moho visible fuera la flor, pero las raíces se esconden dentro del alimento. Y esas raíces pueden producir micotoxinas, unas sustancias tóxicas que no solo dan asco: pueden causar desde náuseas y diarreas hasta problemas hepáticos o incluso cáncer si se consumen de forma repetida.
Y no lo decimos solo nosotros: la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda directamente no consumir alimentos con moho visible, ya que su presencia indica deterioro y riesgo.
¿SE SALVA ALGO? Sí, pero solo algunos alimentos:
✅ Quesos curados duros (como parmesano o manchego): si el moho está en la superficie, puedes cortar al menos 2,5 cm alrededor (sin que el cuchillo toque el moho), lavar y seguir.
✅ Verduras de pulpa firme (zanahoria, nabo, calabaza): si aún están duras, puedes cortar 2–3 cm por fuera del área afectada, sin tocar el moho, y lavar bien antes de consumir.
🚫 Pero si hablamos de frutas jugosas, verduras de hoja o lácteos frescos: a la basura sin piedad.
¿CÓMO EVITAR EL MOHO? Aquí te dejamos 4 trucos infalibles:
- Guarda los alimentos en envases herméticos.
- Revisa y limpia la nevera con frecuencia.
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No mezcles frutas sanas con otras tocadas o demasiado maduras.
- Si congelas, el moho no crece a bajas temperaturas, pero tampoco muere si ya estaba ahí antes.