Hay dos tipos de personas: las que sudan solo de pensar en una guindilla… y las que le echan tabasco hasta a la sopa. El picante no deja indiferente a nadie: o lo amas o lo odias, pero lo cierto es que, una vez lo pruebas (y sobrevives), es difícil no repetir.
¿Qué hay detrás de esa sensación ardiente que nos hace lagrimear mientras seguimos comiendo? Hoy le dedicamos esta edición a la comida picante para celebrar que mañana es su Día Internacional.
¿QUÉ ES EL PICANTE? Lo que comúnmente llamamos “picante” no es un sabor en sí, sino una sensación provocada por la capsaicina, un compuesto presente en los chiles y guindillas que activa la sensación de ardor, incluso dolor. Tu cuerpo interpreta esto como si estuvieras quemándote… aunque en realidad no hay ningún daño físico.
Además de la capsaicina, hay otros compuestos picantes como la piperina (en la pimienta negra) o la alicina (en el ajo), que provocan sensaciones similares pero con matices distintos.
BENEFICIOS. No todo es sufrimiento: el picante también viene con regalos para tu salud. Comer alimentos picantes puede:
- Aumentar la termogénesis, es decir, ayudarte a quemar calorías al elevar la temperatura corporal.
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Favorecer la digestión, al estimular la producción de jugos gástricos.
- Despejar las vías respiratorias, ideal si estás resfriado.
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Reducir la sensación de calor exterior, por eso en países muy calurosos es común ver platos picantes.
¿ES SALUDABLE? Depende de a quién le preguntes… y de cuánto comas. Si bien el picante tiene beneficios, no todo el mundo lo tolera igual. Algunas personas pueden sufrir irritación estomacal o reflujo y molestias intestinales si se consume en exceso y empeoramiento de afecciones digestivas previas, como úlceras o colon irritable.