Puede que no lo supieras, pero llevas años conviviendo con ellas. Están en tu desayuno, en ese “postrecito” después de comer e incluso en la nevera cuando buscas algo “saludable” sin saber muy bien el qué. Las bebidas fermentadas han pasado de ser tradición de abuela a tendencia.
Kombucha, kéfir, yogur… nombres que hace no tanto no sonaban y que ahora están en cualquier súper. Y la pregunta es inevitable: ¿moda… o realmente tienen algo detrás?
¿QUÉ SON? Las bebidas fermentadas son el resultado de un proceso en el que microorganismos como bacterias o levaduras transforman los azúcares en otros compuestos. Dicho así suena técnico, pero en realidad es algo que llevamos haciendo siglos. Este proceso cambia por completo el alimento: modifica su sabor, ese punto ácido tan reconocible, su textura y también su composición. Por eso, aunque el kéfir, la kombucha o el yogur parten de la misma idea, luego no tienen nada que ver entre sí. Al final, todo depende de qué se fermenta (leche, té, frutas…) y cómo se hace.
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