Muchas familias lo cuentan así en consulta. Y la pregunta aparece enseguida: ¿el azúcar empeora el TDAH? La respuesta no cabe en un sí o un no.
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a circuitos implicados en la atención, la inhibición, la memoria de trabajo, la planificación y la regulación emocional. Reducirlo a un alimento sería una explicación simple para un funcionamiento cerebral complejo.
Pero eso no significa que la alimentación no importe.
La evidencia científica no permite decir que un desayuno o una merienda dulce empeore automáticamente los síntomas. Sin embargo, sí se ha observado que los niños con mayor consumo habitual de bebidas azucaradas, bollería y productos ricos en azúcares añadidos pueden presentar más síntomas de inatención, hiperactividad o impulsividad.
La clave está en el patrón, no en un día concreto.
Cuando la alimentación diaria se apoya mucho en azúcares añadidos y alimentos de absorción rápida, y poco en proteína, fibra y nutrientes, pueden aparecer más altibajos de energía, peor saciedad y más hambre.
En un niño o adolescente con TDAH el impacto es mayor. Su cerebro ya hace un esfuerzo extra para frenar impulsos, mantener la atención, esperar y tolerar la frustración. Si además empieza la mañana con poca saciedad o llega a media tarde con hambre o cansancio, cualquier demanda se vuelve más difícil: atender en clase, leer, hacer deberes o aceptar que ahora toca parar.
Aquí hay una idea importante: la atención también necesita condiciones para entrenarse. No basta con pedirle a un niño que se concentre. Su cerebro necesita sueño suficiente, movimiento, rutinas previsibles, regulación emocional y una alimentación que ayude a mantener una energía estable desde el desayuno.
En el día a día, es útil crear hábitos de alimentación, utilizando agua como bebida habitual, fruta entera mejor que zumos, desayunos y meriendas con proteína, y comidas con carbohidratos ricos en fibra, grasas saludables y alimentos poco o nada procesados.
Un desayuno basado en galletas o bollería puede quedarse corto para tener una atención óptima durante la mañana. Una merienda formada solo por azúcar puede complicar la tarde.
Un yogur natural con fruta, una tostada con pavo, hummus con zanahoria, un huevo cocido o una tortilla francesa suelen aportar energía más estable.
En el TDAH, la alimentación no sustituye al diagnóstico, al acompañamiento escolar, a las estrategias familiares ni al tratamiento farmacológico cuando está indicado. Pero es uno de los pilares que ayuda al cerebro a funcionar mejor.