Cada año, cuando se acerca el verano, aparece con fuerza la llamada “operación bikini”. Y con ella, una sensación bastante común: “tengo que hacer algo con mi cuerpo porque así no está bien”. No es extraño que esto ocurra: los mandatos y la presión estética están siempre activos en nuestra sociedad. El verdadero problema empieza con lo que hacemos a partir de ahí.
Por eso, más que preguntarnos “qué debería comer o hacer ahora”, puede ser más útil observar: ¿cuántos años llevo haciendo la operación bikini? ¿Qué estoy haciendo con mi cuerpo y la comida que, sin querer, empeora la situación? ¿Me vigilo todo el tiempo? ¿He reducido alimentos que antes comía con normalidad? ¿Me comparo constantemente con otros cuerpos? Estas dinámicas, aunque muy normalizadas, suelen alimentar el malestar.
Desde un enfoque HAES (Health at Every Size), proponemos salir del foco exclusivo en el peso o la estética como medida de éxito. Muchas personas viven con la idea de que, cuando alcancen cierto cuerpo, llegará por fin el bienestar que buscan. Sin embargo, si miran atrás, muchas veces comprueban que cuando estaban más delgadas tampoco apareció. Esto no es casual.
De hecho, incluso personas que encajan en los estándares hegemónicos de belleza, como Megan Fox, Margot Robbie o Miley Cyrus, han compartido que no se perciben como desde fuera se las ve. Esto apunta a algo clave: el problema no suele estar en el cuerpo, sino en la relación que establecemos con él.
Más allá de la estética, la salud no puede reducirse a un número ni a una imagen. Implica bienestar emocional, una relación más flexible con la comida y menor conflicto interno. Y eso difícilmente se construye desde la lucha constante, sino desde la regulación y el cambio en cómo nos relacionamos con nosotras mismas.
Una de las claves es pasar del control a la escucha. Muchas personas dicen que su cuerpo lo que les pide es "comida menos saludable" pero es cuestión de práctica para saber diferenciar qué necesita el cuerpo y qué la mente, reconectar señales internas, flexibilizar normas y reducir la autoobservación constante. El objetivo no es forzarte a “sentirte bien con tu cuerpo”, sino dejar de tratarlo como un problema. Porque es ahí donde empieza a aparecer más calma, estabilidad y una relación más saludable contigo misma.