HISTORIA. El cochinillo tiene raíces profundas en Castilla, y más concretamente en Segovia. Pero no hablamos de cualquier cerdo, este animal debe tener menos de tres semanas de vida, alimentarse solo de leche materna y pesar entre 4,5 y 6,5 kilos. Todo esto forma parte de su sello de calidad IGP (Indicación Geográfica Protegida), que lo convierte en un producto único y muy controlado.
COMIDA DE REYES. ¿Cómo se ganó el título de “comida de reyes”? Todo comenzó en los antiguos banquetes reales, donde el cochinillo era servido como plato principal por su textura delicada y sabor inconfundible. Con los siglos, este lujo se popularizó, convirtiéndose en el emblema de las celebraciones en tierras castellanas.
COCINADO. El cochinillo tradicional se cocina al horno de leña, sin más aliño que agua y sal. ¿El truco? El tiempo y el calor justo hacen que la piel quede tan crujiente como una patata frita. En Segovia, se sirve entero, sobre una cazuela de barro.
CON UN PLATO. Y como buena estrella, no podía faltar un toque teatral, la tradición de cortarlo con un plato en lugar de un cuchillo no es solo para impresionar, esta práctica demuestra lo tierno que es el animal y el punto exacto de cocción. Una vez cortado, se rompe el plato para cerrar el ritual.