Seguramente, mientras lees esto, tu diafragma se está contrayendo y relajando de forma suave y rítmica para permitirte respirar sin que siquiera lo notes.
Pero a veces ese mecanismo perfectamente coordinado se descontrola por completo, y entonces llega el hipo.
Comer demasiado rápido, las bebidas con gas, el estrés o el alcohol son algunos de los desencadenantes más habituales del hipo. Todos ellos pueden irritar el nervio vago, que envía señales al cerebro y como respuesta, este activa de forma brusca el nervio frénico, el encargado de controlar el diafragma.
En ese momento, el diafragma se contrae con fuerza y hace que el aire entre rápidamente en los pulmones. Pero, casi al mismo tiempo, el cerebro activa varios músculos de la laringe que cierran la glotis, la abertura por la que el aire pasa hacia la tráquea.
Entonces, el aire que estaba entrando, por la contracción del diafragma, choca de repente contra esa “puerta” cerrada y se corta abruptamente, produciendo el famoso: “hip”.
La realidad es que este molesto fenómeno se considera un reflejo evolutivo heredado de animales primitivos. Sin embargo, en los humanos adultos de hoy no tienen ninguna funcionalidad. Aun así, se cree que durante la lactancia podría tener cierta utilidad, ya que
ayudaría a evitar que el bebé trague demasiado aire.
La mayoría de los métodos para quitar el hipo buscan estimular el nervio vago de forma controlada —como tragar saliva repetidamente o realizar la conocida maniobra de Valsalva— para interrumpir ese reflejo involuntario.
Sin embargo, la técnica más eficaz suele ser aguantar la respiración. Al hacerlo, aumenta la concentración de CO2 en sangre y el cerebro interpreta que recuperar una respiración normal es más importante que mantener activo el circuito reflejo del hipo.
Así, el cuerpo consigue restablecer la normalidad y volver a centrarse en lo verdaderamente importante: respirar.
Y, sobre todo, conviene recordar que relajarse también es clave para acabar con el hipo. El estrés puede actuar como un importante mantenedor de este reflejo, haciendo que los episodios duren más o aparezcan con mayor facilidad.